martes, 22 de julio de 2008

Ilegal.


LIBRE CIRCULACIÓN

Los dirigentes de los clubes de fútbol más poderosos de Europa tienen su vista puesta en los jugadores más destacados de estas latitudes. Cada vez que se abre el mercado de pases los representantes de los jugadores empiezan a tejer y destejer estrategias para vender a sus representados al mejor postor. Pero resulta que existe, en los clubes europeos, una restricción para que ingresen jugadores extranjeros a sus planteles. Esto quiere decir que, sólo un número reducido de jugadores extranjeros puede ocupar una plaza en los clubes de Europa; el resto, deberá tener la ciudadanía de dicho continente para poder desarrollar su carrera allí. Esta política tiene que ver con el hecho de querer proteger el mercado local; sí, estamos hablando de personas, pero no por eso deja de ser uno de los mercados más redituables que presenta el mundo del deporte. He aquí la cuestión: cómo conseguir un pasaporte comunitario que permita ingresar a la mayor cantidad de jugadores latinoamericanos a los clubes más poderosos del viejo continente. Bien, cualquiera al que se le haya ocurrido visitar un Consulado europeo en nuestro país, en busca de adoptar la ciudadanía de nuestros antepasados, sabrá que existen una infinidad de requisitos para lograr convertirse en comunitario y, una vez conseguidos esos requisitos, el trámite puede prolongarse hasta cuatro años. Claro está que los tiempos del fútbol distan mucho de estos parámetros y que el dinero que se mueve en torno al mercado de pases es tan grande, que puede mover hasta los propios Pirineos.

Hace unos días nos desayunamos con un fuerte allanamiento en distintos clubes de fútbol de nuestro país, en las propias casas de los jugadores y en diferentes estudios de abogados y gestores. Parece que el origen de esta causa se remonta al mes de noviembre del año pasado, cuando el cónsul italiano en la Argentina, detectó en algunos pasaportes su firma y algunos sellos habían sido falsificados. Se trata de alrededor de 300 pasaportes adulterados de los cuales, la mitad, correspondería a jugadores de fútbol. Muchos nombres conocidos están en la mira de la justicia. Aparentemente, una organización de 40 personas es la que comandaba la operación de más de 30 millones de pesos. A la cabeza de dicha organización se encontraba María Elena Tedaldi, aquella que también estuvo implicada en el escándalo Verón allá por el año 2000.

Determinar quien actuó de buena fe y quien no, será tarea del juez que tiene la causa. Pero detengámonos en aquello de la limitación a la cantidad de jugadores extranjeros que pueden desempeñarse en un club de Europa. Es probable que una mirada eurocéntrica concuerde con esta postura debido a la necesidad de cuidar el “mercado interno”. Pero si hablamos de movilidad, de posibilidades de desarrollo, son los mismos países centrales los que, de una u otra manera, necesitan nutrirse de mano de obra que habita fuera de las fronteras europeas. Claro, en el caso del fútbol, no podemos hablar de mano de obra barata. Pero sí podemos hablar de una necesidad de buscar talentos deportivos con los cuales Latinoamérica suele contar. El objetivo de los jugadores es conseguir mayores ganancias y una renombrada carrera y saben que esto lo pueden conseguir en el fútbol de Europa. Hay muchos otros latinos que, por razones menos ambiciones pero que no dejan de tener que ver con un mejoramiento de sus vidas, buscan un horizonte en aquél continente. Y aquí sí hablamos de la mano de obra barata de la que Europa se nutre. Hace solamente unos días, en la Unión Europea se votó a favor de una ley de inmigración que no hace más que sembrar la semilla de la xenofobia. La mayoría de los migrantes que llegan a Europa pertenecen, en la mayoría de los casos, a los sectores más empobrecidos de los pueblos afectados por las asimetrías del comercio internacional y por una manera de entender la globalización que sobreestimula la libre circulación de bienes y capitales, pero obstruye mediante nuevos muros legales y físicos la histórica movilidad humana. En este sentido, los miembros de la Unión Europea sólo pueden optar por legalizar la situación de los migrantes o, simplemente, expulsarlos de sus fronteras.

Puede sonar un poco exagerado pensar en estas dos situaciones como equivalentes y, de hecho, no lo son. Sabemos que existe un gran negocio para las entidades que manejan jugadores y, por eso, estos mega negocios mueven el dinero que mueven. Pero también se podría pensar en la posibilidad, aunque más no sea pequeña, de que esta limitación a poder integrar las filas de un club europeo acelere ese proceso de querer conseguir los papeles de legalidad a toda costa; a cualquier precio. En el caso de los jugadores de fútbol, se habla de un valor de 20000 euros por pasaporte. En el caso de un migrante que busca un mejor horizonte, no hablamos de dicha suma, pero también están aquellos que se llaman gestores e intentan robar, sí robar, aunque más no sea unos pocos pesos prometiendo la posibilidad de conseguir un pasaporte. En cualquier caso, el negocio, es redondo y siniestro.

Lo que no sorprende, lamentablemente, es darse cuenta que la organización a la cual se está logrando desarticular, es aquella que mueve millones en este negocio; pero no a aquellas pequeñas, que existen, y lucran con una necesidad y una ilusión mucho mas extrema. Aquella utopía de ser ciudadanos del mundo, cada día está más lejana. Las asimetrías entre el primer mundo y el nuestro son cada vez más profundas. Y lo más probable es que este caso se acabe en sí mismo, una vez resuelto el tema de los jugadores; sea para el lado que sea. Interesante sería poder entender este ejemplo como la necesidad de definir una política migratoria lejos de la xenofobia y cerca de la libre circulación de “todo aquel que quiera habitar el suelo Europeo”.


por Evangelina Díaz Quijano.


2 comentarios:

Sentido Nocturno dijo...

Muy Bueno Evi!!!!un texto muy objaetivo.Saludos Chicos!!!!!,Juan.

Los InvIsIbles dijo...

hace rato un texto leido por el locutor enamscarado me hacia sacar las ideas de q un nuevo mundo no olo es posible sino necesario....
sAlu
un invisible