lunes, 15 de diciembre de 2008

Ringo.




Bonavena: así cae un hombre

Termino el noveno round y el Madison Square Garden se venía abajo con las cascadas de gritos que los admiradores de Bonavena dejaban caer sobre el ring. “Dale Ringo!” “Argentina, Argentina!”. La profecía de Clay no se había cumplido. El noveno round había pasado, y el boxeo dejó a salvo uno de los principios fundamentales: se pelea con los puños y no con la boca. Pero al mismo tiempo otras leyendas de la mitología que se creo en torno de esta pelea quedaron canceladas. Ni Bonavena fue una presa fácil para Muhammad Alí, ni el invicto, a lo largo de treinta peleas pudo trabajar con tanta comodidad como frente a Jerry Quarry. Claro que, al mismo tiempo, los fanáticos admiradores de Alí hacían notar que los tres años y medio de inactividad no le impedían seguir boxeando mas allá del sexto round como vaticinaban sus enemigos.

Pero tal vez, la moraleja más apasionante y didáctica de todas fue el hecho de que recién entonces todo el mundo, y especialmente los dos hombres que transpiraban sobre el ring, se dieron cuenta de que simplemente estaban peleando un ser humano contra otro ser humano. Clay y Bonavena habían estado especialmente nerviosos antes de la pelea, durante el pesaje y ocho horas previas al combate. Los dos, aunque por distintos motivos, vivían mortificados por la misma misteriosa y dramática angustia. Clay no desconocía que últimamente se había puesto muy peligroso y temió hasta el último momento que sus enemigos del poder blanco le hicieran perder la pelea con cualquier estratagema. Además no ocultó antes de subir al ring que éste había sido el combate mas exigente de su carrera , y unos pocos minutos antes de salir de su vestuario se avino a admitir que el remoto “lucky punch” de Ringo, ahora mas que nunca, se presentaba delante de sus narices como una realidad por mas afortunada que fuera.

Y así como cayó Ringo, caen los hombres que no saben especular. Los que necesitan tomar la iniciativa. Y los que saben justificar su responsabilidad. Sus ganchos abiertos habían sido metódicamente anulados por Alí, ya sea con muy buenas palancas o con desplazamientos que el argentino no pudo ni intentp seguir. De cualquier manera, a mitad de la pelea, Clay ya se había dado cuenta de que no iba a ganar haciendo su trabajo de showman y más bien se dedicó a cuidar el aire que a tratar de cumplir su predicción. Por de pronto ya no hablaba ni señalaba ampulosamente al referí señalando las infracciones de Bonavena, moviendose como sorprendido de encontrar a un rival tan fuerte.

Ganó un talento: Clay, ensombrecido por la valentía de un hombre: Bonavena.


Revista El Gráfico 8 de diciembre de 1970.





2 comentarios:

Jean Carlo dijo...

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Saludos.

Sugar Sixx dijo...

Un grande Ringo.
Van a filmar la palícula con Rodrigo de la Serna.

Saludos.

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